El poder de no rendirse
Es importante no rendirse, aunque no veas resultados inmediatos. Muchas veces todo aparenta no tener avance. Intentas e intentas, y todo se ve igual. Te desanimas porque, por más que te esfuerzas, no ves un cambio.
Cuando construyes una casa, inicias con los cimientos. Entre más prepares la tierra y más firmes sean esos cimientos, más fuerte será la casa y más difícil será que un día se derrumbe. Tal vez tardes un poco más en verla terminada porque decidiste enfocarte en hacer una buena base, pero cuando esté construida, tendrá la fuerza para mantenerse firme.

Lo mismo sucede con tu vida. Trabajas en ti, en alcanzar el físico que deseas, en mejorar tus hábitos, en fortalecer tu espiritualidad o en dejar atrás un mal hábito. Trabajas y trabajas, pero no ves resultados. Y eso puede hacerte pensar que todo tu esfuerzo está siendo en vano.
Muchas personas abandonan justo en esta etapa porque confunden la falta de resultados con la falta de progreso. Piensan que, como no ven cambios, nada está sucediendo. Pero las transformaciones más importantes son silenciosas. Mientras tú crees que todo sigue igual, tu disciplina se fortalece, tu carácter madura, tu paciencia crece y tu identidad comienza a cambiar.
Lo que sucede es que primero se está construyendo la parte interna. La primera parte que cambia es tu interior, y solo después comienzan a notarse los cambios externos. Todo lo que hoy haces en silencio serán los resultados que mañana serán visibles.
Por eso es tan importante no rendirte. No abandones el proceso solo porque aún no ves cambios. Una parte de ti ya comenzó a transformarse, aunque todavía no puedas verla.
Sigue construyendo. Sigue creyendo. Sigue avanzando. Si permaneces firme en el proceso, llegará el día en que mirarás atrás y entenderás que cada esfuerzo valió la pena. Descubrirás que aquellos cimientos invisibles fueron los que hicieron posible llegar mucho más lejos de lo que imaginabas y alcanzar el potencial que Dios puso dentro de ti.



Comentarios